dimecres, 4 de febrer de 2009

Article del recentment premiat eurodiputat espanyol més actiu, Raül Romeva


La lucha contra la Homfobia desde el Parlamento Europeo: derechos europeos, derechos mundiales
Raül Romeva

Eurodiputado por ICV y vicepresidente del Intergrupo pro-derechos LGBT en el Parlamento Europeo

Revista Zero

Si comparamos la situación en la UE con la del resto del mundo es evidente que, en muchos aspectos, estamos a años luz de algunos países. Existen 7 países en el mundo donde las personas homosexuales o bisexuales son, simple y llanamente, condenadas a muerte (Arabia Saudita, Irán, los Emiratos Árabes Unidos, Yemen, Mauritania, Nigeria y Sudán). En otros muchos países, sin embargo, a pesar de no estar tipificado como delito y menos aún penada con la pena de muerte, se sigue persiguiendo, estigmatizando, e incluso torturando a muchas personas debido a su orientación sexual o por exigir que se les reconozca una identidad sexual que no es la que le otorgan los documentos oficiales.

No obstante, y a pesar de que la situación en la Unión Europea no es la de países como los mencionados, siguen siendo muchos, demasiados, los ejemplos que prueban como la discriminación y la persecución existe, también, en muchos de los países comunitarios, y no sólo de los llamados nuevos Estados miembro.

Por ejemplo, a pesar de que las marchas y desfiles del orgullo y la igualdad son expresiones festivas y pacíficas que invocan principios básicos en los que se supone, se basa la construcción europea, como el respeto y la promoción de la diversidad y la no discriminación, en numerosas ocasiones dichos desfiles están sujetos a toda una serie de vicisitudes e impedimentos, a menudo alentados por instituciones públicas, que ponen en cuestión dichos principios. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos y otras instituciones europeas han sentenciado en numerosas ocasiones en favor de los derechos de la gente LGBT, incluido el derecho a reunión, y sin embargo continuamos viendo como es de difícil organizar este tipo de eventos en países como Letonia, Polonia o, entre nuestro vecinos, en Moldavia o Rusia. Falta, por tanto, voluntad política para cumplir con los Tratados, pero, sobretodo, faltan mecanismos jurídicos para sancionar a quienes, también desde las instituciones, vulneran derechos y libertades.

Un segundo ejemplo es que, a pesar de que la UE tiene muy bien definido el derecho a la libre circulación de mercancías dentro de su territorio, cuando este derecho hay que aplicarlo a las personas algo falla. De hecho fallan muchas cosas, entre ellas el hecho de que, en la actualidad, la libre circulación y establecimiento dentro de la UE puede comportar la pérdida de derechos fundamentales, como por ejemplo los que amparan a las parejas del mismo sexo. Dichas restricciones a los derechos y las libertades son, de hecho, un impedimento a ejercer esa tan oída libre circulación que podría afectar a no menos que a 50 millones de europeos. Tal y como establece el artículo 13 del tratado de Ámsterdam, la Comisión Europea puede tomar medidas para combatir la discriminación por razones de la orientación sexual, pero no siempre lo hace, y por ello una de las funciones de nuestro Intergrupo es llamar la atención cuando las instituciones comunitarias no actúan cuándo, dónde y cómo deben.

Finalmente, y después de mucho insistir por parte de numerosos colectivos y miembros del Parlamento Europeo, la Comisión ha abierto el debate con relación a la Directiva sobre Discriminaciones Múltiples. Y es que si ya es triste tener que vivir bajo una discriminación por motivos de edad, orientación sexual, minusvalía o creencia religiosa, imagínense lo que es cuando se sufre discriminaciones por más de uno de estos motivos. Actualmente la mayor parte de los países europeos cuentan con algún tipo de legislación para proteger a las personas LGBT contra la discriminación, pero dichos marcos de protección varían mucho de un país a otro. Todo ello dificulta la movilidad dentro de la Unión, y hace también complejo el responder ante dichas discriminaciones de forma homogénea, adecuada y justa. Falta, por tanto, un corpus europeo que permita hacer frente a dichas discriminaciones, y la Directiva sobre Discriminaciones Múltiples que justo ahora empieza su camino puede ser una buena herramienta para ello.

Hace casi cinco años el Parlamento Europeo conseguimos vetar la nominación como Comisario de Rocco Butiglione tras haber hecho éste numerosas afirmaciones de carácter netamente sexista y homófono. Ello fue una gran victoria. Pero la realidad nos obliga, diariamente, a no perder de vista que siguen existiendo muchos Roccos Butigliones en puestos muy importantes de decisión política. Y por ello debemos estar vigilantes, y recordar que sólo será posible dejar de reclamar derechos y libertades cuando no exista ni un solo caso de discriminación o persecución dentro y fuera de la UE por motivos de orientación o identidad sexual. Hasta entonces será necesario que existan, entre otros, intergrupos proderechos LGBT, también, en el Parlamento Europeo.

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